¡PIIIIIIIP!

Estos días os he ido presentando los 4 focos, que nos ayudan a ver en qué punto de nuestra comunicación podemos poner atención para conseguir una comunicación más eficaz y que nos ayude a conectar y entendernos.

Estos cuatro elementos integran el llamado “proceso CNV”, que es un modelo muy útil para estructurar nuestra mirada sobre los mensajes que expresamos y recibimos. En cada cosa que comunicamos hay:

  1. Unos hechos de referencia (OBSERVACIÓN)
  2. Unas sensaciones o emociones que se despiertan o intensifican (SENTIMIENTOS)
  3. Unos valores y cualidades que son muy importantes para nosotros en ese momento (NECESIDADES)
  4. Una o varias acciones o estrategias que podríamos seguir para transformar la situación (PETICIÓN)

Teniendo esto en cuenta, podríamos estructurar un mensaje de esta manera:

Cuando veo que la nevera está vacía y recuerdo que ayer dijiste que irías a comprar, me siento molesta, porque necesito consideración y respeto por los acuerdos que hacemos. ¿Estás dispuesto/a a hacer la compra entre hoy y mañana por la mañana?

Esto es lo que llamamos “jirafa clásica”. Pegadita a la fórmula. Para aprender, resulta muy útil. Sin embargo, para muchas personas escuchar esta frase, así tal cual, puede resultar sorprendente, e incluso generar extrañeza y suspicacia (sobre todo si no conocen la CNV).

La idea no es embutir todos los elementos de cada mensaje que queramos expresar en una frase-fórmula (si bien este modelo es un tesoro para cambiar el chip y practicar en formaciones, grupos de práctica y momentos de autorreflexión). La idea es darnos tiempo para integrar todo esto, hasta llegar a podernos expresar con naturalidad, fluidez, libertad.

Como siempre que se aprende un idioma nuevo, al principio estaremos pendientes de los listados de vocabulario y de las construcciones gramaticales, y con el tiempo lo tendremos integrado y podremos comunicarnos de forma fluida y rica, en múltiples situaciones. Aunque no hablemos como dice en el libro.

Aquí, lo mismo. A los practicantes de CNV nos veréis seguramente mucho tiempo aferradxs a listas de necesidades y sentimientos, y a modelos y procesos que nos ayudan a estructurar los mensajes y poner el foco en los elementos que es más probable que nos ayuden a generar conexión y entendimiento.

Sin embargo, todos esos modelos y procesos no nos llevarán ahí si no los acompañamos de una actitud coherente con todo esto. Estas tres palabras (Presencia, Intención, Proceso), contienen para mí lo esencial respecto a esa actitud que favorece el diálogo:

  1. Presencia. Estoy aquí y ahora con lo que hay. Con lo que hay en mí, con lo que observo, con lo que siento, con lo que necesito, con lo que veo en la otra persona (no elaborando mi respuesta mientras la otra persona habla, o pensando en lo que voy a hacer después).
  2. Intención. Mi intención es favorecer la conexión y el entendimiento, respetarme y respetar (no tener la razón o conseguir lo que yo quiero aplicando ciertas técnicas).
  3. Proceso. Cuando inicio un diálogo, sé cómo empiezo, pero no sé por dónde me va a llevar ni cómo va a terminar. Me enfoco en cuidar ese proceso, poner la atención y los recursos de que dispongo en cada paso, acoger lo que va surgiendo en mí y en la otra persona (dejando de lado la impaciencia o el empeño por llegar a un resultado determinado).

A mí estas tres palabras me sirven de Norte y me dan orientación a la hora de comunicarme. Confío en que a ti también te pueden ayudar. ¡Cuéntame qué te parece! Te leo con atención y cariño.

Los 4 focos

En CNV se suele hablar de “los 4 pasos”. A mí me gusta más decir “los 4 focos”. Las situaciones y diálogos reales me parecen bastante caóticos y me gusta la flexibilidad que me da pensar en estos elementos como focos donde poner la atención, cuando surge la necesidad, más que pensar en una serie de pasos a seguir.

Si me doy cuenta de que estoy juzgando, generalizando, aferrándome a mi visión de la situación y prediciendo lo que va a pasar, puedo poner el foco en observar: qué ha pasado, cuáles son los hechos, movimientos, citas textuales; lo que yo puedo ver y oír con mis ojos y oídos.

Si me doy cuenta de que estoy reprimiendo mis emociones, responsabilizando a alguien de cómo me siento, o responsabilizándome yo de cómo se sienten otras personas, puedo poner el foco en sentir: abrirme a mi estado emocional, sensaciones físicas, ánimo, energía… no juzgarlo ni querer cambiarlo, simplemente estarme ahí con ello, darle mi atención. Y expresarlo a lxs demás si quiero que me entiendan.

Si me doy cuenta de que me estoy aferrando a una acción concreta, a mí solución, a mí manera de hacer las cosas, y eso me dificulta llegar a un acuerdo con otra persona, puedo poner el foco en mis necesidades. ¿Qué estoy buscando a un nivel profundo y universal? ¿Qué hay por debajo de mis deseos y preferencias concretos? Puedo conectar con mis anhelos, mis valores, lo que es más importante para mí. Invitar a la otra persona a que haga lo mismo. Compartir… y abrir la perspectiva a nuevas estrategias desde ahí.

Si me doy cuenta de que estoy exigiendo, tratando de lograr lo que quiero con indirectas, chantajes, amenazas, expresiones de deseos abstractos… Si me doy cuenta de que estoy dejando de pedir lo que necesito “por no molestar”… Puedo poner el poco en averiguar qué acciones me pueden ayudar a cubrir mis necesidades, concretar, echarle creatividad, pensar en varias opciones. Y atreverme a pedir con claridad (a mí o a otra persona) lo que creo que me va a ayudar a estar mejor, con apertura a recibir un “no” y a definir los límites necesarios conjuntamente.

Es evidente que hay mucho que definir, completar y matizar sobre esto de los cuatro focos, y aun así quiero compartir estas ideas gráficas y pequeños textos como píldorilla. Veréis que constantemente vuelvo a alguno de estos focos cuando escribo sobre otros temas. Para mí son un enorme tesoro porque son cuatro vías de entrada sencillas a un nuevo planteamiento de la situación. ¡Seguimos compartiendo!

Mis traducciones CNV

Lo que más me gusta de traducir es esa sensación de estar absolutamente absorbida en una tarea, con la mente a pleno rendimiento. Tener en cuenta toda una red de complejidades y aplicar el instinto para tomar las mejores decisiones para cada frase.

He traducido alrededor de 60 libros, del inglés al español, pero sin lugar a dudas, los que más he disfrutado han sido los de Comunicación NoViolenta. Es un honor para mí haber traducido cuatro libros escritos por Marshall Rosenberg, el creador de la CNV. Actualmente hay una traducción mía sobre CNV y educación pendiente de publicación y me encuentro traduciendo un libro sobre CNV y cuerpo que se publicará también en los próximos meses. ¡Os iré informando de las novedades!

Además, en este blog he comenzado a realizar otro tipo de traducción, en formato viñeta: la traducción de chacaladas. Se trata de viñetas en las que muestro una interacción en modo chacal y una propuesta alternativa en modo jirafa. Si no sabes a qué me refiero con las palabras chacal y jirafa, es el momento perfecto para que visites esta entrada y salgas de dudas. Se trata de dos símbolos muy utilizados en CNV.

Por último, si eres formador o formadora de CNV tal vez te interese echar un vistazo a esta entrada, donde comparto algunos recursos CNV traducidos al español.

Mis talleres

Lo que más me gusta de dar talleres es implicarme con autenticidad, sintiendo la alegría de contribuir, compartiendo lo que nos hace humanos. Lo que me mueve a hacerlo es mi deseo fomentar una cultura de paz.

Para mí, la clave es cultivar un diálogo equilibrado, respetuoso y honesto que favorezca el entendimiento y la cooperación entre las partes. Hay muchas cosas que nos pueden ayudar a hacerlo, y a mí me encanta compartirlas.

Más allá de la relación con los demás, la CNV también es una herramienta estupenda para el autoconocimiento y el crecimiento personal. Es de gran ayuda para mejorar la relación con nuestra propia persona y para orientar nuestras acciones en coherencia con nuestros valores, aspiraciones y necesidades, según se manifiestan a cada momento.

Desde 2015 ofrezco talleres basados en la Comunicación NoViolenta de Marshall Rosenberg, donde comparto recursos y dinámicas para mejorar nuestras relaciones y gestionar los conflictos de forma pacífica y efectiva. Formo parte del grupo de personas formadoras de CNV a nivel estatal y estoy en proceso de certificación con el Center for NonViolent Communication.

En este dossier encontrarás más información sobre mi oferta de talleres:

En esta entrada puedes escuchar y leer algunos testimonios.

Chacalada #3: ¡Vaya una ocurrencia!

La chacalada de esta semana es en respuesta a una petición de Elena Roger, de solohijos.com. ¡Muchas gracias, Elena, por contactar y contribuir con tu chacalada a este proyecto! Lo tomo como una oportunidad para hablar de las necesidades de protección y autonomía, de la idea del deber y la responsabilidad, del peso de las expectativas externas… y de cómo todo ello influye en nuestra forma de actuar y de comunicarnos.

¿Cuántas veces coartamos la autonomía de nuestrxs pequeñxs movidos por nuestros propios miedos? Esto es frecuente con lxs hijxs, pero también se puede observar en la pareja, cuando una persona toma un rol protector sobre la otra.

Sentir miedo es natural. Querer protegernos y proteger a las personas que queremos, también. Detrás de la chacalada del padre sin duda hay necesidades legítimas, que podrían ser proteger(se), cuidar(se), contribuir al bienestar del peque. Lxs adultxs muchas veces damos por sentado que sabemos lo que es mejor para ellxs. Queremos quitar los obstáculos de su camino porque nos importa que sean felices. Pero un camino sin obstáculos es un camino sin aprendizaje. Cada vez que se quita un obstáculo del camino de una persona, se le quita una oportunidad de aprender, de asumir retos, de descubrir sus propios recursos, de fortalecerse.

Es un tema delicado. Hay ocasiones en las que existe un peligro real. Por ejemplo, si nuestrx hijx pequeñx va a cruzar la calle corriendo y vemos que viene un coche, usaremos nuestra posición de autoridad y nuestra fuerza si es necesario para impedir que siga adelante con su idea de cruzar la calle. No estoy hablando de casos así. De esto tal vez hable en otro artículo sobre el uso protector y el uso punitivo de la fuerza.

En la viñeta, la respuesta del padre a la idea del peque no tiene en cuenta las necesidades de éste, que podrían ser: autonomía, valoración, creatividad, diversión. Es posible que el padre tampoco esté en contacto con sus propias necesidades (que podrían ser, como hemos dicho, proteger y protegerse) y simplemente responda de la manera habitual, de forma automática, sin plantearse mucho más. Si se llegara a una claridad sobre las necesidades de ambxs, se podrían buscar estrategias que las tuvieran todxs en cuenta.

Marshall Rosenberg decía que siempre estamos tratando de cubrir necesidades, aunque sea de forma trágica. A mí este caso me parece un ejemplo de ello. Querer cuidar a las personas que más amamos de una manera que no tiene en cuenta algunas de sus necesidades vitales; querer evitar un daño y sin darse cuenta provocar otro… Y más tarde, probablemente recibir de vuelta incomprensión y rebeldía, y lidiar con la frustración de que nuestra intención de cuidado no parece ser apreciada…

La propuesta de la viñeta en modo jirafa yo la veo como el inicio de un cambio de actitud. Quiere ser un ejemplo de una persona adulta que se hace responsable de sus propios sentimientos y le habla al peque con honestidad y claridad respecto a cómo influyen las expectativas externas en cómo se siente cuando le ve tomar la iniciativa de una forma que le asusta. De esta manera, el padre no impone su miedo a su hijx, sin más. El peque puede no tener ningún miedo ni darle importancia a lo que piensen lxs demás. El peque tiene sus propios sentimientos y necesidades, su propia vivencia de la situación.

De nuevo es una cuestión delicada y no se trata de dejar de poner límites y permitirlo todo sin cuestionar. Otro día hablamos de límites y cuidado. Sí se trata de comunicarnos con honestidad y asumir responsabilidad por nuestros sentimientos. Y también se trata de reflexionar sobre cómo nos influyen las cosas que nos decimos que debemos hacer, cómo nos decimos que tenemos que actuar como padres/madres/cuidadorxs y de qué manera se plasma todo ello en la conexión que tenemos con lxs peques. A veces ellxs no entienden que estamos pendientes de expectativas y obligaciones y nos culpan y se rebelan sin llegar a entender que lo que más nos importa es contribuir a su bienestar.

Puntos clave:

  • Proteger a alguien no equivale a retirar los obstáculos de su camino
  • Tomemos responsabilidad por nuestros sentimientos y expresémonos con honestidad, también cuando hablamos con niñxs
  • Tengamos en cuenta las necesidades y vivencia de la otra persona, no le impongamos la nuestra sin más
  • Reflexionemos sobre las cosas que hacemos “porque es nuestro deber”

Chacalada #2: ¡Me ocultas algo!

Esta chacalada está pensada como ejemplo de la importancia de la observación (lo que también se conoce como el paso 1 del proceso CNV; hablaré más sobre esto en próximas entradas). Si queremos cuidar la comunicación y entrar en diálogos pacíficos y constructivos, es importante hacer un esfuerzo por identificar hechos concretos y objetivos en lugar de entrar en lanzamiento indiscriminado de suposiciones, interpretaciones, acusaciones, predicciones, generalizaciones, exageraciones, etc.

Cuando decimos “Me ocultas algo, ya no me quieres, no confías en mí”, le estamos diciendo a la otra persona que nosotrxs sabemos lo que siente y cuál es su intención, antes de dialogar y entender su punto de vista. Nos hacemos nuestra película y le damos el estatus de “la realidad” o “la verdad”. Confrontamos nuestras visiones en discusiones eternas que no nos llevan a ninguna parte. Y además, lo que nos decimos que sucede influye muchísimo sobre nuestro estado de ánimo y nuestra actitud hacia la otra persona. Nos ofendemos y nos cabreamos y nos frustramos porque no avanzamos hacia soluciones.

Es fácil dejarse llevar por la energía de ataque y aprovechar para desahogarnos. Decir cosas que, en cuanto nos enfriamos un poco, nos damos cuenta de que ni siquiera nosotrxs mismxs creemos. ¡Pero ya lo hemos soltado! ¡Qué agusto, qué alivio! Claro… necesitamos desahogarnos, expresarnos… son necesidades legítimas, como todas. Pero podríamos buscar otras estrategias que tuvieran en cuenta el posible impacto de nuestras palabras en la otra persona.

Este tipo de comunicación irreflexiva y reactiva, que busca la rapidez de respuesta –como si estuviéramos jugando al tenis y no pudiéramos perder una ocasión de devolver la pelota– la hemos mamado, en muchas ocasiones en nuestra propia casa, y desde luego a través de los medios (TV, cine, series, etc.). Me encantaría que en estos contenidos estuviera más presente una comunicación más pausada y en modo jirafa, porque a mi parecer están saturados de modelos de comunicación en modo chacal, que acaban impregnando la mente de las personas (al fin y al cabo, aprendemos por imitación y aquello a lo que nos exponemos, deja una huella en nosotrxs).

En la primera viñeta, el personaje inicia la conversación con una interpretación, una acusación. Y sigue desgranando su película sin abrirse a lo que dice la otra persona. En la segunda viñeta, el personaje inicia la conversación refiriéndose a un hecho concreto, y después continúa expresando lo que vio, lo que “le pareció”. De esta manera es más fácil que la otra persona se abra a escuchar y a expresarse.

Te propongo que en los próximas días pongas atención en diferenciar lo que son hechos observables de lo que son interpretaciones. Sobre todo si has vivido alguna situación difícil en la que ha habido cruce de reproches. Cuando tengas un rato tranquilo, dedícate a separar hechos de interpretaciones en esa situación. Cuéntame si quieres cómo te sienta hacer esto y cómo influye en tu manera de ver a la otra persona y de vivir la situación.

Chacalada #1: ¡Pero qué pesaditos sois!

Aquí estoy de nuevo, muy contenta de compartir la primera chacalada con su correspondiente traducción. Deseando que os resulte útil y oportuna. ¡Ya me diréis! Si no sabes a qué me refiero en las viñetas con modo chacal y modo jirafa, te invito a que leas esta entrada.

Es muy habitual que lancemos juicios y etiquetas a otras personas cuando en realidad lo que queremos es que hagan algo diferente de lo que están haciendo. Es una costumbre muy arraigada, en especial con lxs niñxs. No les hablamos de lo que sentimos y necesitamos, ni nos interesamos por lo que pueden estar sintiendo o necesitando/valorando más ellxs. Pensamos que llamádoles pesadxs, vagos, irresponsables… van a cambiar su comportamiento. Cualquier persona, independientemente de su edad, se va cerrar o rebelar ante este lanzamiento de etiquetas y juicios. Por experiencia propia sabemos que esto no nos da ganas de colaborar, a no ser que lo hagamos por el miedo a recibir castigos o con la intención de “ganarnos” el amor o aprobación de otras personas.

Si mostramos a las demás personas que vemos lo que están experimentando, que nos importan y que no las consideramos enemigxs que derrotar, es más probable que se dé una apertura al diálogo y la cooperación.

En el caso de lxs niñxs es muy importante, sobre todo cuanto más pequeñxs son, no usar demasiadas palabras o razonamientos y sermones. Expresarnos de una forma clara, directa, sin darle demasiadas vueltas a la cuestión. Y acompañar nuestras palabras de contacto visual, contacto físico, para fomentar la cercanía y la confianza, y conseguir que nos presten atención. Por ejemplo, podemos agacharnos para ponernos a su altura. Así les llega que nos importa lo que les vamos a decir y su posible respuesta. Eso es muy diferente de recibir órdenes, etiquetas y sermones “desde arriba” o “desde lejos” (cosa muy frecuente con lxs pequeñxs, literal y metafóricamente).

Con lxs niñxs además sucede que ellxs viven el tiempo de otra forma. No son tan conscientes y viven en el presente a todos los efectos. Por eso a veces nos impacientamos al tener que repetir las cosas varias veces. Sin duda en ocasiones puede ser frustrante y un verdadero desafío gestionar situaciones con peques. Desde aquí mi respeto y admiración a las personas que están día a día con ellxs dando lo mejor de sí mismas para contribuir a su bienestar. Mi experiencia es limitada y no tengo recetas que sirvan a cada situación. Pero cuando me he acercado a niñxs de esta manera, con un interés y curiosidad genuinos por su bienestar, un respeto y reconocimiento de su vivencia, una apertura a lo que están haciendo, a lo que piensan y desean, un mostrarme yo con mis sentimientos y las cosas que me importan… ellxs lo han percibido y se han abierto a mí, a su ritmo y a su manera.