Estar con lo que sentimos

Abrirse a los sentimientos, como comentaba en la entrada anterior, es clave para recibir el mensaje que nos traen. Pero abrirse no quiere decir regodearse, por ejemplo, en la depresión o la rabia; alimentar el victimismo, o prolongar un estado de euforia que no se corresponde con cómo son las cosas en realidad. Abrirnos a lo que sentimos y a las sensaciones que experimentamos significa, en este enfoque, estar con lo que nos pasa, sin más; en presencia y prestando la atención a lo que sucede a nivel corporal, sin intención de cambiarlo. Esto tiene un efecto muy diferente a lo que sucede cuando, a raíz de experimentar emociones o sensaciones que no nos gustan, sostenemos y alimentamos pensamientos que nos hunden más, que estimulan nuestra rabia y reactividad hacia otras personas, o cuando tratamos de reprimir o disimular lo que estamos experimentando, esperando que así quede todo resuelto.

Cuando permitimos que el cuerpo se exprese, que se encoja, que se abra, que se tense, que se relaje, que surja el llanto o el grito, que tiemble, que se ensanche el corazón y la sonrisa… lo que sea que estemos experimentando en cada momento, le damos espacio a lo que está vivo en nosotros, y al darle ese espacio y esa posibilidad de ser y expresarse, se cumple una función importante (la de señalarnos que algo importante está pasando) y es más probable que acabe produciéndose una sensación de liberación y quedemos con apertura y disponibles para lo que traiga el momento siguiente. Es mucho más probable que entonces nos resulte más fácil conectar con lo que queremos que suceda a continuación, con lo que es importante para nosotros a nivel de necesidades y valores, pues ahí es donde está la verdadera causa de cómo nos sentimos.

Lo habitual, sin embargo, suele ser adjudicar la causa de lo que sentimos a lo que hacen o dejan de hacer los demás, poniendo así en el exterior el foco y la responsabilidad sobre cómo estamos. Me siento así porque tú… Evidentemente, lo que dicen y hacen las demás personas tiene un impacto sobre nosotros y sobre cómo nos sentimos, pero la causa está en nuestras necesidades. Me siento así porque yo necesito/valoro/anhelo…

Hoy comparto aquí 5 páginas de lo que será el cómic, deseando que aporten claridad sobre lo que acabo de escribir. Tu feedback será muy bienvenido, tanto en forma de comentarios aquí o en las redes, como por e-mail a noelia@palabrascomopuentes.com, porque me ayudará a hacerme una idea de cómo llega lo que estoy creando y seguir calibrando y mejorando a lo largo de este proceso de trabajo compartido. ¡Gracias de antemano!

La cabeza andante

El ser humano no es una cabeza andante. Sin embargo, a veces nos quedamos en lo mental y nos cuesta conectar con lo que sentimos. Abrirnos a los sentimientos es clave porque nos hablan de lo que más nos importa y de lo que queremos –y lo que no queremos– en nuestra vida. Si hay sentimientos desagradables, es señal de que hay una o varias necesidades insatisfechas; o de que algún valor muy importante para nosotros no está presente en una situación determinada. Al darnos cuenta de esto, podemos actuar por nuestro bienestar. Si reprimimos o ignoramos lo que sentimos, nos perdemos un mensaje vital. Y suele pasar que acabamos expresándolo de maneras poco saludables…

Cuando hablamos de sentimientos, en CNV, nos referimos a: sensaciones físicas, sentimientos, emociones, estados de ánimo. A priori, no es necesario hacer una distinción en categorías o tipos de sentimientos, más allá de “sentimientos que aparecen cuando las necesidades están satisfechas” y “sentimientos que aparecen cuando las necesidades no están satisfechas”. Utilizamos estas denominaciones en lugar de “sentimientos positivos” y “sentimientos negativos” porque, aunque algunos sentimientos resulten incómodos o desagradables, todos tienen una función y, en ese sentido, no hay sentimientos negativos. Es importante abrirse a todos por igual, porque traen información muy valiosa.

Cuando sientas tristeza, enfado, tensión… Cuando tengas miedo… Tómalo como una señal de que ALGO PASA. Escúchate, pregúntate qué necesidades o valores importantes para ti están en juego y qué puedes hacer para cuidarlos.

¡Pero si yo soy muy buena persona!

A veces, nuestro impulso de cumplir y hacer “lo que hay que hacer” es tan fuerte que ignoramos o pasamos por alto necesidades tan importantes para el ser humano como la realización, el autocuidado o la coherencia con los propios valores. Sin embargo, siempre estamos tratando de cubrir necesidades, incluso cuando actuamos movidos por un sentido del deber y la obligación y pensamos que “no tenemos otra opción”. Para mí la diferencia clave está en ser conscientes de para qué hacemos lo que hacemos, y darnos cuenta del poder de elección que tenemos en cada momento.

Podemos pensar en las cosas que en realidad preferiríamos evitar: esas cosas que hacemos con desgana, como si estuviéramos arrastrando una carga pesada, y preguntarnos qué estamos tratando de conseguir a un nivel profundo y universal. ¿Aceptación, amor, valoración, seguridad…? Una vez tengamos esto claro, aunque no podamos cambiar las cosas de la noche al día, sí podemos plantearnos cómo cubrir esas necesidades por medio de otras estrategias que despierten nuestra motivación, eligiendo opciones que podamos realizar con más alegría.

Por ejemplo, puedes hacer una lista con todo lo que te dices que tienes que hacer. Comienza escribiendo la frase tengo que, o debería, y complétala con tantas cosas como te vengan a la cabeza, sin pensarlo demasiado. Una vez tengas la lista, puedes repasarla reflexionando sobre las necesidades que estás cubriendo con estas acciones, y después sustituir el tengo que y el debería por Yo decido, Yo opto por, Yo elijoporque así cubro mi necesidad de… Así tendrás una lista que puede ser un buen punto de partida para reflexionar sobre qué estás haciendo y con qué motivaciones y, a partir de ahí, si quieres, abrirte a otras posibles maneras, que tengan en cuenta más necesidades y valores importantes para ti. El hecho de poner el foco en las necesidades universales suele hacer que estemos más receptivos y atentos a otras posibilidades para cubrirlas. Aquí entra en juego la creatividad también, que podemos emplear al servicio de nuestro bienestar.

Para mí este es un punto clave para desarrollar una actitud noviolenta por varios motivos: el primero es que, si actuamos en coherencia con nuestros valores y motivaciones profundos, estamos restando violencia a la manera en que nos relacionamos con nuestra persona (reduciendo la autoimposición, la autoexigencia). En segundo lugar, cuando hacemos las cosas con alegría, coherencia y motivación, es más probable que contagiemos esos valores a las personas que nos rodean y menos probable que carguemos el ambiente con quejas, mal humor, resentimiento, etc. Por último, cuando somos capaces de ver las necesidades y valores que cuidamos en los casos en los que decidimos seguir haciendo eso que preferiríamos no hacer, estamos mirando de frente nuestra humanidad, podemos hacer duelo por aquello a lo que renunciamos conscientemente y celebrar aquellas necesidades que sí cubrimos con ello. Podemos tenerlas presentes mientras hacemos esas cosas que preferiríamos no hacer, y seguramente tendremos una actitud muy diferente que si alimentamos la queja y el resentimiento.

Taller en Bonastre (Tarragona)

Hoy comparto aquí la información para un próximo taller:

Taller práctico basado en la CNV

¿Cuánto malestar nos ahorraríamos con una comunicación más cuidada y consciente?
Ven a conocer nuevos recursos para comunicarte desde tus valores, con honestidad y al mismo tiempo con respeto y cuidado hacia los demás. Un enfoque pensado para llegar a estrategias en las que todo el mundo gane, y fomentar una cultura de paz y entendimiento. Trabajaremos a partir de situaciones reales para ver cómo nos puede ayudar la CNV en la práctica.

Más info e inscripciones: Noelia – 628125176 – noelia@palabrascomopuentes.com

¡Necesito comprar un coche!

Como he venido compartiendo en entradas anteriores, la conciencia de las necesidades es clave para desarrollar una comunicación no violenta, coherente con nuestros valores y que nos ayude a entendernos con las demás personas y a llegar a acuerdos satisfactorios. Una de las “trampas” habituales que a menudo nos hace encallarnos en un conflicto es discutir solo en términos de estrategias o deseos concretos, como si estuviéramos jugando un partido de tenis, en el que cada cual se esfuerza por imponer su opción deseada. Esto lo hacemos de muchas maneras, unas más sutiles que otras: a veces intentamos convencer de que nuestra opción es la mejor; otras veces manipulamos para salirnos con la nuestra; en ocasiones obligamos directamente a obedecer, si estamos en una posición de autoridad; a veces tratamos de seducir para conseguir lo que queremos; otras veces intentamos dar lástima para que “nos den” lo que queremos. Hacemos todo esto consciente o inconscientemente. Nuestra educación y cultura nos ha llevado a empaparnos de este tipo de comportamientos, a naturalizarlos, a integrarlos. Lo vivimos en casa, lo vivimos en la escuela, lo vemos en la televisión, cada día. Así, crecemos asumiendo que es lo normal.

La propuesta de la CNV es que hagamos una distinción clara entre necesidades y estrategias. Las necesidades son algo abstracto: pueden tomar también la forma de valores, anhelos, aspiraciones… Todos los seres humanos estamos familiarizados con ellas, experimentamos las mismas necesidades en diferentes momentos y grados. Nuestro cuerpo nos hace saber claramente cuando estas necesidades están cubiertas (sentimos bienestar) y cuando no lo están (sentimos malestar). Cubrir nuestras necesidades y estar en coherencia con nuestros valores y aspiraciones nos lleva al desarrollo saludable, a la plenitud y al bienestar. Nuestro cuerpo lo sabe, nuestro ser lo tiene muy claro, y por eso a veces nos empeñamos por conseguir algo concreto, con el convencimiento de que nos va a ayudar a lograr ese bienestar y ese desarrollo. La cuestión es que ese algo concreto es solo una opción entre muchas. Cuando nos aferramos a una estrategia concreta (porque nuestra necesidad puja desde dentro), sin darnos cuenta cerramos las opciones, nos limitamos y queda poco espacio para la creatividad y la búsqueda conjunta de soluciones.

Una estrategia se puede distinguir fácilmente de una necesidad porque lleva asignada un PLATO: una Persona, un Lugar, una Acción, un Tiempo, un Objeto. Una necesidad, anhelo o aspiración es algo abstracto y universal que no depende de un PLATO concreto. Cuando ponemos sobre la mesa las necesidades podemos cambiar un proceso de competición (a ver quién gana, imponiendo su estrategia) por un proceso de colaboración creativa (a ver qué estrategia se nos ocurre que pueda cuidar de las necesidades de todas las personas implicadas). Los seres humanos somos creativos por naturaleza. Tomar decisiones, encontrar soluciones y definir acuerdos de forma conjunta, es expresión de creatividad, colaboración, inteligencia colectiva.

Nota: Esta lista de necesidades es básica y abierta. Hay muchos listados que puedes consultar. En el libro de Marshall Rosenberg Comunicación NoViolenta. Un lenguaje de vida, publicado por la editorial Acanto y que tuve el gran gusto de traducir, encontrarás una lista más completa. Si vives en Tarragona y alrededores, y quieres adquirir una copia del libro, puedes ponerte en contacto conmigo (colaboro en la distribución de este y otros libros sobre CNV). También existe una versión en catalán.

https://www.editorialacanto.com/223/23/Comunicacion_NoViolenta/Comunicacion_NoViolenta.html

Necesidades: lo que nos mueve

En nuestra cultura es habitual que el concepto de necesidad esté muy cargado de connotaciones negativas. Hablamos de personas “necesitadas” y en nuestra mente aparecen imágenes relacionadas con la pobreza. Quien pide y necesita lo hace porque no tiene. Porque le falta. Porque carece. Eso puede llevar a algunas personas a avergonzarse de tener necesidades o a querer ocultarlas o disimularlas, cuando en realidad es lo más natural y saludable del mundo. Es natural porque los seres humanos no podemos vivir aislados y sin conseguir los recursos (materiales e inmateriales) que hacen posible nuestra vida. Es saludable porque darnos cuenta de que necesitamos algo es el primer paso para conseguirlo. Y si lo necesitamos es porque la vida quiere abrirse paso, porque hay un impulso de seguir adelante, de procurarnos bienestar y plenitud. Hacia eso nos mueve la satisfacción de necesidades.

Las necesidades pueden ser valores, anhelos y aspiraciones, como veíamos en la entrada anterior. Hay también necesidades que podríamos considerar básicas, muy ligadas a la supervivencia, como pueden ser: alimentación, cobijo, descanso, contacto físico, amor, seguridad. A veces pasamos por alto la importancia de cuidar de nuestras necesidades, pero ¿respondemos de la misma manera cuando hemos descansado bien y hemos tomado un buen desayuno, que cuando hemos dormido mal y no hemos podido parar ni a comer? El mal humor suele ser patente en este segundo caso. Es evidente que en nuestro cuerpo algo se activa para que nos cuidemos. Este mismo mecanismo se pone en marcha con el resto de necesidades, de las que a veces no somos tan conscientes: aparecen sensaciones, emociones, sentimientos que nos alertan de que “algo pasa”. Nos mueven a actuar. Cuando las necesidades que más nos importan en un momento dado están cubiertas, también lo notamos, porque estamos a gusto y experimentamos tranquilidad.

Las necesidades van cambiando momento a momento, y tener la capacidad de estar en contacto con ellas nos aporta mucha claridad y nos ayuda a tomar decisiones que orientan nuestra vida conforme a lo que más nos importa y a lo que más bienestar nos procura. Conocer las necesidades de las demás personas nos ayuda a entender cómo se sienten y a tenerlas en cuenta. A ponernos en su lugar. A verlas como seres humanos, incluso cuando hacen o dicen cosas que no nos gustan o con las que no estamos de acuerdo. Todos somos seres humanos con sentimientos y necesidades, y actuamos lo mejor que sabemos en cada momento para satisfacerlas.

Mis necesidades, tus necesidades: nuestro acuerdo

Con los recursos que nos brinda la CNV podemos construir puentes que nos ayuden a crear y mantener una conexión respetuosa entre las personas, para entender qué es lo verdaderamente importante para cada una. Desde el entendimiento y el respeto es más fácil que se generen soluciones y estrategias con las que todas las personas se sientan cómodas. Mis necesidades cuentan, las tuyas, también. Si las ponemos sobre la mesa y entablamos un diálogo sincero, estoy convencida de que podemos llegar a entendernos. ¡Aunque solo estemos de acuerdo en que no estamos de acuerdo!

Según la CNV, la raíz de los conflictos está en las necesidades no satisfechas. Hablamos de necesidades universales, que son comunes a todos los seres humanos, como por ejemplo el descanso, el respeto, el amor, el apoyo, el reconocimiento, la libertad… Es algo que nos une. Son las necesidades lo que nos mueve a actuar de una manera o de otra. Por eso, en una situación dada, es muy importante fijarnos bien en lo que nos pasa y conocer las necesidades de todas las personas implicadas, en lugar de quedarnos en un nivel más superficial (deseos o estrategias concretas).

Las necesidades son aquello que nos permite vivir y desarrollarnos de una forma saludable y plena. Son esos valores que impregnan nuestra vida y la enriquecen. Y esos anhelos y aspiraciones que nos mueven a participar y actuar en el mundo. Hacernos más conscientes de nuestras necesidades nos ayuda a elegir estrategias eficaces y a vivir en harmonía con nuestros valores. Conocer las necesidades de las demás personas nos ayuda a entender cómo se sienten y a tenerlas en cuenta.

¡Somos interdependientes! Las necesidades de todas las personas importan. Y con ganas y creatividad podemos enriquecer nuestras vidas sin pisar a nadie. En las próximas entradas seguiremos hablando de necesidades, para ir tomando conciencia de ellas.

Muros heredados

Muchas veces damos por sentado que quienes hacen o dicen cosas que nos duelen son “malas personas” que “quieren hacernos daño”, y surge en nuestro interior un impulso de atacar o manipular para librarnos de esa persona o de esa situación. Así, levantamos muros con los ladrillos que hemos recibido de nuestra educación y cultura: juicios, castigos, etiquetas, culpar, acusar, exigir, manipular…

En la mayoría de los casos, eso no nos hace sentir mejor ni ayuda a transformar la situación, pero es lo primero que se nos ocurre hacer. Es lo que hemos aprendido. Afortunadamente, todas las personas sabemos lo que favorece el acercamiento, lo que nos ayuda a entendernos y a encontrar soluciones inclusivas: la escucha, la atención, la honestidad, el cuidado. Así, cuando nos comunicamos, y en especial cuando estamos en medio de un conflicto o situación difícil, tenemos la oportunidad de elegir qué queremos construir: ¿un muro o un puente? Si usamos esos viejos ladrillos heredados de una cultura autoritaria, probablemente el muro se vaya haciendo más alto y más grueso.

Lo primero que podemos hacer es poner en duda que esa persona que ha hecho algo que nos ha dolido o perjudicado sea un ser malvado cuya misión en la vida es fastidiarnos. Todas las personas hacemos y decimos cosas que duelen a otras. La CNV nos dice que la cosa no va de “malos” contra “buenos”, sino de seres humanos haciendo lo que podemos para procurarnos bienestar y avanzar en nuestra vida.

Si vemos la vida como una competición en la que unas personas ganan y otras pierden –y las que pierden se quedan fuera–, naturalmente querremos ganar y haremos lo que sea para lograrlo. Si empezamos a ver la vida como un viaje que compartimos, podemos preguntarnos qué queremos aportar nosotros o nosotras para que el recorrido sea más agradable y enriquecedor. Una de las claves está en ser conscientes de cuáles son nuestras verdaderas necesidades, tema que abordaremos ampliamente en este blog. ¡Hasta la próxima!

¿Me cuido o te cuido?

Las relaciones humanas son algo necesario y enriquecedor, y al mismo tiempo, a veces comunicarse con respeto y claridad supone un gran reto. A la mayoría no nos han enseñado a entender y gestionar lo que nos pasa, ni a comunicarnos con eficacia. Y, simplemente, hacemos lo que podemos.

Además, hemos crecido en una cultura donde se nos dice que, para que unas personas ganen, otras tienen que perder. Y que con tal de “defender lo mío”, todo vale.

Yo prefiero creer que es posible cultivar la paz y el entendimiento, aunque no siempre sea fácil. Por suerte, existen recursos que nos ayudan en este camino. Uno de ellos es la Comunicación NoViolenta, un modelo muy útil para aprender a relacionarse cultivando el respeto mutuo y la conexión de corazón. Así, no tenemos que elegir entre “cuidarnos” o “cuidar a la otra persona”. Podemos hacer ambas cosas a la vez.

Iré compartiendo ideas sobre cómo lograrlo, en este blog. ¿Tú también crees que es posible cuidarse y cuidar, al mismo tiempo? ¿Qué te ayuda a ti a conseguirlo?