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¿Te escuchas de verdad?

Se suele hablar de la falta de escucha que hay en esta sociedad, de lo importante que es escucharnos más (unas personas a otras) para entendernos y llegar a soluciones pacíficas. Comparto ese anhelo de vivir en un mundo donde las personas nos escuchamos más las unas a las otras. Creo que esto aportaría mucho a nuestras vidas. Sin embargo, creo que se habla poco de si nos escuchamos a nosotrxs mismxs. Lo suficiente, y de qué manera. En mi experiencia, esto afecta mucho a nuestra vida y a nuestras relaciones.

¿Qué es escucharse? Para mí, escucharme a mí misma es tomarme un momento para darme cuenta de cómo estoy y reflexionar sobre dónde quiero estar. Mis sentimientos y sensaciones corporales me dicen mucho sobre si estoy agusto con lo que estoy viviendo o no. En Comunicación NoViolenta, a este proceso de escucharnos para ver cómo nos sentimos y qué es más importante para nosotrxs en un momento dado lo llamamos autoempatía.

En el artículo que publiqué hace unos días, enmarcaba la autoempatía dentro de un esquema de la comunicación que puede ser muy útil para tener diálogos constructivos y pacíficos. Me refiero al flujo del diálogo. Los otros dos elementos de este esquema son la empatía y la honestidad. De estos te hablaré más adelante.

El flujo del diálogo puede comenzar por cualquiera de estos tres elementos y seguir desplegándose sin seguir un orden específico. No hay correcto o incorrecto ni manera ideal de dialogar. Lo que sí creo que es imprescindible es abrir ese espacio, el de ME ESCUCHO (autoempatía). Me escucho antes de hablar y me escucho después de escuchar a la otra persona.

Dentro de ese “me escucho” puedes coger la lupa y poner el foco de tu atención en los hechos que te afectan, en los sentimientos y sensaciones que notas en el cuerpo, en tus necesidades y valores (lo que más te importa en ese momento). Y, por último, teniendo eso claro, en las acciones que te ayudarían a estar mejor.

Por supuesto, aparecerán pensamientos, opiniones, juicios, interpretaciones, creencias, etc. Puedes acogerlos como indicios de cosas importantes que están en juego para ti, sin tratar de reprimirlos pero recordando que son solo eso: pensamientos. Es decir: película, y no realidad.

Cuando practicamos el proceso de autoempatía, vamos adquiriendo la habilidad de estar en contacto momento a momento con lo que sentimos y necesitamos. Esto nos aporta, como mínimo, tres cosas:

  • La capacidad de tomar decisiones útiles y coherentes con lo que de verdad queremos en cada momento.
  • Alivio y claridad, si estamos viviendo confusión o malestar y nos hemos quedado enganchadxs en algún bucle mental o emocional.
  • La capacidad, cuando dialogamos, de mantener nuestro foco en lo que es más importante o prioritario para nosotrxs.

¿Conoces el proceso de autoempatía en CNV? ¿Qué te aporta a ti?

Sigue leyendo sobre autoempatía en el siguiente artículo: Entrenar la autoempatía

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