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¿Superación o autoexigencia? Crecimiento personal noviolento

En general las personas tenemos un impulso de mejorar y avanzar para sentir más bienestar y más plenitud en la vida. Los recursos que tenemos a nuestro alcance para hacerlo son infinitos y extremadamente variados. Cada práctica y cada enfoque nos puede aportar algo distinto y complementario. Por ejemplo, podemos elegir vías más físicas, espirituales, emocionales, intelectuales… encuentros, charlas, talleres, prácticas, lecturas, terapias, actividades, que podemos hacer en grupo o de forma individual.

Yo he recurrido y recurro siempre que lo necesito a alguna de estas opciones. A lo largo de los últimos años he aprendido e integrado muchas cosas que me ayudan a que mi vida sea más como yo quiero que sea, bebiendo de muchas fuentes distintas y quedándome lo que más iba conmigo.

El camino de cada persona es único y solo tú sabes qué te va bien en cada momento y para qué lo haces. Sólo tú puedes conocer de verdad tus propios anhelos, sueños y objetivos. El trayecto que te vaya acercando a ellos, lo puedes planificar como un gran viaje o lo puedes ir viendo sobre la marcha, escuchándote y prestando atención a lo que la vida te va presentando. Lo que tenga más sentido para ti.

Yo lo vivo como un viaje en espiral que va pasando una y otra vez por los mismos puntos, aunque cada vez de manera ligeramente más abierta, con una perspectiva más amplia y madura, enriquecida por el trabajo personal realizado y por la vida misma –que, hagamos o no hagamos, se va desplegando y poniendo luz aquí o allá–.

Este viaje puede tener etapas más oscuras y más luminosas… más expansivas y más hacia dentro… más fluidas y más duras…

Cada senda tiene sus piedras y sus flores.

A veces, al tomar conciencia de las cosas, actitudes y situaciones que nos limitan, nos abrumamos. ¡Tantas cosas que transformar, que superar! Uf. Empezamos con mucho ímpetu y al poco nos vemos sin motivación, sin fuerzas o preguntándonos qué sentido tiene hacer lo que hacemos. Nos agobiamos, nos impacientamos, lo vivimos como un deber, como si hubiera algo que demostrar y hacer “bien” a toda costa. Nos comparamos con otras personas a quienes vemos como «más seguras», «más evolucionadas», «más asertivas», «más centradas», etc.

Para mí la práctica de la CNV, en especial de la autoempatía y autocompasión, ha marcado un antes y un después en este camino de crecimiento personal. En ocasiones me he dado cuenta de que estaba siendo muy exigente conmigo misma y no estaba respetando mis ritmos, o estaba cayendo en comparaciones que me quitaban energía y me separaban de las personas. El poder ver claramente mi necesidad de respeto de mis ritmos y maneras propias me ha ayudado a tomar decisiones sabias en muchas situaciones. Decisiones que me han dado alivio y me han ayudado a seguir adelante con amor.

También me ayuda pensar que, en cada momento, cada ser humano está haciendo lo mejor que puede con sus circunstancias, sus recursos y sus pensamientos del momento. Tener integrada esa mirada comprensiva, constatar que con la exigencia y el perfeccionismo no disfruto el viaje, y a la vez, acoger esa exigencia y ese perfeccionismo, cuando afloran, porque también me hablan de valores y necesidades mías: por ejemplo, de lo importante que es para mí el crecimiento, la evolución, la coherencia, la implicación…

Marshall Rosenberg dijo que “el uso más importante de la CNV tal vez sea el desarrollo de la autocompasión”. La verdad es que yo creo que las prácticas de autoempatía y autocompasión son un bálsamo para los caminos de crecimiento personal y espiritual. Y a veces, sobre todo en los tramos más pedregosos, podemos necesitar ese bálsamo que nos alivia y nos reconecta con nuestra humanidad, que reaviva esa parte nuestra que nos trata con más amabilidad, que nos acoge y nos ama con todo lo que somos. Esto es lo que nos puede llevar hacia ese pensamiento o acción reconfortante que nos ayuda a renovar energías y seguir caminando con más ligereza o, al menos, sin tanta presión autoimpuesta.

En el próximo artículo comparto contigo varias claves de la CNV para detectar y transformar la autoexigencia. ¡No te lo pierdas!

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