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Los 3 platos del menú de la buena escucha

En el artículo anterior compartí contigo un ejemplo de escucha empática según el enfoque de la Comunicación No Violenta. Si te parece difícil escuchar así, yo te diría que es cuestión de práctica. Al “reflejar” los sentimientos y necesidades no se trata de acertar. La otra persona te va a corregir si es necesario.

La clave es respetar, acoger lo que dice… sin dirigir, sin tratar de arreglar nada, sin juzgar, sin contagiarnos de su sentimiento y compadecernos. Si estás ahí, acompañándola en su vivencia, ¡lo va a notar seguro!

¿Y qué pasa si te alteras tanto que no eres capaz de escuchar? Es natural que tengas sentimientos de enfado, juicios hacia la otra persona o hacia ti misma, u otras emociones que te impiden estar del todo presente y elegir conscientemente cómo quieres responder. En esos casos, lo mejor es empezar con una ración de escucha de ti misma (lo que en CNV llamamos autoempatía). Si es posible, aplazar la conversación para otro momento en que estés más disponible y buscar un rato tranquilo para ver qué es lo que más te importa, qué necesitas en el fondo.

Puedes pedir a alguna amistad que te escuche, para entender lo que sientes y necesitas y también qué te gustaría que fuera diferente. Para ver qué puedes hacer tú, qué puedes pedir y pedirte, para estar mejor. Después podrás ir hacia el otro con más apertura y verá que prestas atención a lo que le pasa y podrá explicarse del todo.

¿Y qué pasa con los consejos, soluciones y todo lo demás? La persona estará mucho más abierta a recibirlos cuando esté segura de que comprendes de verdad lo que está viviendo. Y además, serán más útiles. A mí no deja de sorprenderme, cuando me guardo mis soluciones y consejos y me quedo sencillamente a escuchar, cómo se desarrolla el discurso de la persona. Muchas veces le lleva a lugares que yo no me habría imaginado, encuentra recursos propios y además veo que mi interpretación inicial de la situación era muy incompleta y el gran consejo que estaba deseando darle en realidad no se aplicaba mucho a su caso.

Puedes pensar en ello como en un menú. ¡Lo primero, el entrante! Después, el plato fuerte. Y después de una buena comida, qué mejor que un rico postre…


Menú para una buena escucha


Menú para una buena escucha


Menú para una buena escucha

¡Ah! No te olvides de añadir a tu guiso de escucha empática una pizca de interrogación. A las demás personas no suele gustarles que demos por sentado que sabemos lo que viven antes de explicarse bien.

En resumen, la escucha empática es un punto de partida para que la otra persona se aclare y profundice en lo que está viviendo. Es abrir una puerta a la claridad y a la conexión. Es transmitir al otro que vemos lo que experimenta como ser humano y le acompañamos en su vivencia. Y recuerda que todo esto se aplica en primer lugar a nosotras mismas.

Si nos tomamos el tiempo de escucharnos antes de hablar con la otra persona, abordaremos la situación con más calma y claridad. ¡Cuesta mucho ofrecer empatía cuando nosotras mismas estamos faltos de ella! Las emociones nos llenan y nos cuesta mucho más ponernos en el lugar del otro.

Integrar estas habilidades de escucha te ayudará a la hora de relacionarte, entender a las personas sin montarte películas y afrontar los conflictos que se te presenten con más confianza. Si tienes ganas de profundizar, puedo ayudarte tanto en los talleres grupales que voy ofreciendo, como en sesiones individuales para que avances a tu ritmo y a tu manera.

Y no te pierdas el siguiente artículo, último de esta serie sobre escucha empática, con dos recomendaciones finales.

2 Comentarios

  1. arcoiris_nvc

    Noe, me encanta como encontraste tu idioma, tu manera de contribuir, la manera que sabes de combinar tus dones y que has podido volver a la CNV – estoy maravillada, inspirada y lleno de alegría presenciarlo!!!! Un fuerte abrazo de Iris

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    • Noelia Jiménez

      ¡Hola, Iris! Muchas gracias por tu comentario, me da alegría leerte y vienen bonitos recuerdos de los encuentros compartidos. ¡Te envío un abrazo fuerte!

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