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Cómo identificar los propios límites

En el artículo anterior mencionamos algunos motivos por los cuales nos cuesta poner límites. Uno de ellos es el simple hecho de que a menudo no es que no sepamos expresar o poner nuestro límite; es que no sabemos cuál es. No lo reconocemos. Este es el tercer artículo de una serie de seis.

No te pierdas el resto:

  1. Qué son los límites: aclarando conceptos
  2. Por qué nos cuesta poner límites
  3. Cómo identificar los propios límites
  4. Límites para cuidarnos: necesidades y acción
  5. El «no» y los límites: más allá de lo individual
  6. El «no» y los límites como castigo y expresión de dolor
Identificar los propios límites: sentimientos y sensaciones

Para identificar dónde hay un límite para mí necesito estar en contacto con mi cuerpo, con mis sensaciones y mis emociones. Ellas son las que me alertan cuando alguna necesidad mía no está siendo satisfecha, o cuando algún valor muy importante para mí no está presente en una situación.

La rabia, la tristeza y el miedo

Muchas veces la rabia y el enfado tienen la función de alertarnos de que un límite se está traspasando o a punto de traspasar, pero también pueden aparecer otras emociones. Si eres una persona a la que le cuesta sentir / permitirse la rabia, es posible que aparezca en su lugar miedo o tristeza.

En el caso de la tristeza (o abatimiento, desilusión, desánimo, decepción…) a veces la emoción va acompañada de pensamientos y creencias en la línea de:

No soy capaz, no soy suficiente

Es culpa mía, me lo merezco

La rabia (o irritación, mal humor, enfado, indignación, resentimiento…) en cambio, suele ir acompañada de pensamientos y creencias en la línea de:

La otra persona no debería hacer eso

Eso está mal, eso es violento

Y el miedo (o inseguridad, inquietud, preocupación, agobio…) puede estar ligado a pensamientos y creencias del tipo:

¡Esto es terrible!

Algo malo va a suceder

Revisar estos posibles pensamientos y creencias nos puede dar mucha claridad.

En el caso de los límites (en el sentido de actuar para protegernos independientemente de lo que digan/piensen/hagan lxs demás) y el “no” (decir que no a lo que nos pide otra persona), en mi experiencia, es útil tener una “buena relación” con nuestra rabia, porque esta nos da fuerza para: 

  • Decir que no / que sí con claridad
  • Tomar decisiones
  • Posicionarnos con claridad
  • Saber qué queremos
  • Establecer límites claros

Por el contrario, la tristeza nos puede llevar más fácilmente a la pasividad y la resignación, y por eso es importante estar atentas, en especial si te cuesta poner límites y casi nunca te enfadas, pero sí te pones triste. Dicho esto, la tristeza también tiene su fuerza y es importante para: 

  • Abrir el corazón
  • Profundizar en lo que pasa
  • Reconocer y aceptar lo que no podemos cambiar
  • Abandonar resistencias
  • Rendirnos al flujo de la vida

Cuando lo que experimentamos es miedo, el riesgo es caer en la parálisis y encogernos, aunque también tiene su fuerza y es importante para: 

  • Protegernos, ponernos a salvo
  • Ser conscientes de nuestras limitaciones
  • Reconocer lo que nos puede hacer daño
  • Percibir el umbral de lo desconocido
  • Encontrar alternativas y soluciones

Así, una buena manera de desarrollar nuestra capacidad de percibir nuestros propios límites y por tanto ser capaces de tenerlos en cuenta, expresarlos y actuar conforme a ellos, es desarrollar la conciencia de nuestros propios sentimientos.

Esto se puede hacer de varias maneras. En el marco de la Comunicación NoViolenta, podemos practicar la autoempatía regularmente (lee la serie sobre autoempatía aquí).

Podemos darnos espacios de intimidad y autoindagación para escuchar lo que nuestro cuerpo y nuestras sensaciones nos van comunicando.

Podemos trabajar también con las listas de necesidades y sentimientos, repasando momentos en los que pensamos que se ha traspasado o rozado un límite, reflexionando a posteriori sobre la situación.

Podemos recurrir a otras prácticas relacionadas con la respiración y el movimiento (hay infinitas opciones; a mí me ayuda el yoga, el tantra, la danza…), incorporando a nuestra vida espacios de conexión plena con nuestro cuerpo y nuestro ser, y tomar conciencia de qué sentimientos afloran en las distintas situaciones en las que nos encontramos.

Cada persona sabe mejor, o puede descubrir probando, qué le sirve para estar más en contacto con su sentir, con sus emociones, con las sensaciones corporales. Te animo a que encuentres las tuyas propias y nos cuentes en comentarios cuáles son.

En el próximo artículo hablaremos de qué hacer con la información que recibimos de esta autoconexión con nuestro sentir: identificar necesidades y pasar a la acción.

Espero que este artículo te haya servido, cuéntame si quieres, me encanta leer vuestros comentarios.

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